Investigadora de Psicología participó en Congreso de Neuropsicología

Dos Trabajos de la Dra. Martha Fernández Daza investigadora del Programa de Psicología seccional Santa Marta fueron seleccionados para presentarse en el IV Congreso Iberoamericano de Neuropsicología, evento que contó con la presencia de los mejores representantes de la Neuropsicología y las Neurociencias a nivel mundial, tales como: Antonio Damasio, Jill Winegardner, Alan Baddeley, Kristine Kingsley, Rusell A. Barkley, Rafael Yuste, Marsel Mesulam, entre otros. El congreso fue realizado el 27, 28 y 29 de Mayo del 2021 con casi 2000 asistentes de todo el mundo. 
 
La investigadora compartió los hallazgos del proyecto de investigación "Caracterización neuropsicológica de niños sanos, con desnutrición y en riesgo de desnutrición", estudio que realiza desde el 2018 con niños del departamento del Magdalena, le acompañan en la investigación la Dra. Sara Zabaraín Cogollo y la Dra. Marta Martin también del programa de Psicología, la Dra. Luz Ángela Reyes del programa de Enfermería, Dra Elisama Beltrán, Miguel Ordóñez y la Lic. Rosana Torrado Díaz de Children International.
 
Sobre la temática central de sus participaciones en el congreso: "Madurez neuropsicológica en la población infantil sana y con desnutrición" la Dra. Martha Fernández Daza nos destaca que la evidencia científica es cada vez mayor sobre la relación existente entre la nutrición y una función cerebral óptima. 
 
La madurez neuropsicológica es el proceso que permite el funcionamiento cognitivo, psicomotor, social, perceptivo y conductual de un niño de acuerdo a su edad cronológica, puede considerarse entonces como la respuesta a patrones evolutivos propios del desarrollo. Su naturaleza es multicausal porque depende de factores tanto exógenos como endógenos (Campo, Tuesca & Campo, 2012; Solovieva & Quintanar, 2012). A diferencia de otras estructuras nerviosas, en este proceso la maduración del sistema nervioso central demanda una mayor complejidad en el desarrollo organizado y secuencial de los diferentes procesos que en él acontecen, los cuales se originan en distintos momentos, en diferentes regiones cerebrales y durante un periodo de tiempo relativamente prolongado, esto hace que sea particularmente sensible a las influencias del entorno, principalmente, a edades tempranas del desarrollo (Rosselli, Matute & Ardila, 2010). En esa interacción entre el sistema nervioso y el ambiente se generan cambios tanto a nivel anatómico como funcional (Huttenlocher & Dabholkar, 1997; Korkman, 2001).  
 
En lo que respecta a la desnutrición la investigadora expresa que los primeros años de vida son fundamentales, estudios recientes indican que de presentarse en esta etapa se agudizan los problemas de salud tanto inmediatos como a mediano y largo plazo, pueden producirse: retraso en el crecimiento físico, diabetes, cardiopatías y obesidad. Si la desnutrición es crónica ocasiona en los niños cambios que se producen a diferentes niveles, esencialmente en áreas cerebrales encargadas de la cognición y las habilidades motoras, lo que restringe el desarrollo cognitivo-conductual del niño y por tanto repercute en su rendimiento escolar. También, representa uno de los mayores factores de riesgo para tener una capacidad cognitiva disminuida junto con el déficit de yodo, la anemia ferropénica y la falta de estimulación. La desnutrición severa por su parte puede causar retraso o reducción en el crecimiento del cerebro, en la mielinización de las estructuras nerviosas, en la producción de los neurotransmisores y en la velocidad de la conducción nerviosa cuando se sufre a edades muy tempranas (García, 2018). 
 
Colombia ha alcanzado una de las cifras más altas de América latina en torno a este tipo de malnutrición, siendo los niños la población más afligida, por cada 100 niños 12 sufren desnutrición (Paredes-Arturo, 2015).
 
En la Encuesta Longitudinal Colombiana de la Universidad de los Andes realizada a aproximadamente 10000 hogares colombianos de niños menores de 5 años se afirma que los factores de riesgo que afectan el desarrollo temprano apropiado incluyen la pobreza, la desnutrición y la estimulación temprana inadecuada (Shonkoff et al., y Walker et al., citados por Bernal, Martínez y Quintero, 2015); estos están asociados con mayores riesgos de mortalidad y morbilidad infantil, además de déficits en el crecimiento y desarrollo (Shonkoff y Phillips, 2000).
 
Por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, participó en la realización de la Encuesta Nacional de Situación Nutricional de Colombia (ENSIN) 2015, se plantea que la región que con mayor inseguridad alimentaria es la región atlántica (65,0%), dentro de la cual se incluye al departamento del Magdalena; sobre la desnutrición aguda se indica que tuvo un aumento del 1,4%. En la desnutrición global no se reportaron diferencias de 2010 a 2015, acá los datos revelan que la región atlántica obtuvo un 5,2% (ICBF, 2018). 
 
Es importante lo resaltado por Portellano en 2005 quien señaló que de detectarse alguna alteración o lesión cerebral temprana, los pronósticos de rehabilitación son altamente favorables porque a menor edad mayor plasticidad cerebral, de allí la importancia de la evaluación de la madurez neuropsicológica para prevenir futuros déficits en periodos académicos con mayor demanda como son la educación primaria y secundaria.
 
Es así como los factores biológicos y ambientales, así como su interacción pueden potenciar o limitar el logro de los hitos del desarrollo normal, incluyendo las funciones neuropsicológicas, por lo que, los trastornos del neurodesarrollo, la prematuridad, el bajo peso al nacer, psicopatología materna, condiciones obstétricas, estados nutricionales deficitarios, así como pobres condiciones socioeconómicas y educativas, en líneas generales antecedentes prenatales, perinatales y posnatales pueden constituirse en factores de riesgo para el desarrollo sano de los niños. En este sentido hay que destacar que, por ejemplo, un déficit en la estatura de un niño puede que no implique por sí solo un problema, sin embargo, cuando este es concomitante con otras condiciones como la desnutrición adquiere una connotación diferente porque puede provocar consecuencias a corto, medio y largo plazo.
 
Para concluir indicar que aún queda mucho por hacer porque esto se ha convertido en un problema de salud pública, además son inciertas las vías por las cuales la desnutrición afecta la anatomía y funcionalidad del cerebro en la primera infancia (memoria, atención, fluidez, orientación espacial, aprendizaje, habilidades psicomotoras y habilidades visuales), por lo que, futuras líneas de investigación podrían encaminarse hacia su análisis, además de que erradicar el hambre aún representa un gran desafío mundial, precisamente por las graves repercusiones que tiene, principalmente en la población infantil.
 
Referencias
  • Bernal, R., Martínez, M y Quintero, C. (2015). Situación de niñas y niños colombianos menores de cinco años, entre 2010 y 2013. Bogotá: Universidad de los Andes, Facultad de Economía, Ediciones Uniandes.
  • Campo Ternera, C., Tuesca Molina, R., & Campo Ternera, L. (2012). Relationship between neuropsychological maturity and the rate of size and weight in school children from 3 to 7 years with socio-economic stratum two and three in Barranquilla (Colombia). Revista Salud Uninorte, 28(1), 88-98.
  • García Cruz, L. M. (2018). Factores asociados a desnutrición crónica infantil en mozambique (Tesis Doctoral). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
  • Huttenlocher PR, Dabholkar AS. 1997. Developmental anatomy of prefrontal cortex. In Development of the prefrontal cortex: Evolution, neurology, and behaviour, ed. NA Krasnegor, GR Lyon, PS GoldmanRakic, pp. 295-335. Baltimore, MD: Paul H. Brookes Huttenlocher PR, Dabholkar AS. 1997b. Regional differences in synatogenesis in human cerebral cortex. J Comp Neurol 387
  • ICBF. (2018). Encuesta Nacional de Situación Nutricional. Recuperado de https://www.icbf.gov.co/bienestar/nutricion/encuesta-nacional-situacion-nutricional
  • Korkman, M. (2001). Introduction to the special issue on normal neuropsychological development in the school-age years. Developmental Neuropsychology, 20, 325-330.
  • Mendoza-Salonga. A. (2007). Nutrition and brain development. South African Family Practice, 49(7), 42-44. DOI: 10.1080/20786204.2007.10873600
  • Paredes-Arturo, Y. (2015). Desnutrición crónica y desempeño cognitivo. Universidad y Salud, 17(1), 47-56.
  • Portellano, J. A. (2005). Introducción a la neuropsicología. Madrid: McGrawHill.
  • Rosselli, M., Matute, E., & Ardila, A. (2010). Neuropsicología del desarrollo infantil. Editorial El Manual Moderno.
  • Solovieva, Y., & Quintanar, L. (2012). Formation of drawing activity in Mexican pre-school children. Psychology Research, 2(8), 479-489.

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